El tipo no le daba miedo. Lo que a ella le intimidaba y mucho, era que le gustaba.
El trato, como la hacía sentir. Las cosas que le hacía sentir. Todo de él le gustaba. Y sin embargo, para ella, había algo en él que la hacía sentir incómoda y a la vez fascinada.
Ella lo miraba fijamente, tratando de disimular la confusión y el nerviosismo que sentía cada vez que estaba cerca de él. No podía negar que su presencia la atraía de una manera inexplicable, pero al mismo tiempo, le generaba una extraña sensación de vulnerabilidad.
Si ahora mismo ella sentía uma tibieza que se extendía por todo su corazón, es porque estaba en un lugar seguro, relajado y feliz al pensar en él.
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