Jamás se había sentido así por alguien... Y peor aún...
Él era el tipo de hombre que despertaba en ella un fuego íntimo, digno de un infierno ardiente y pasional. Era alguien a quien ella deseaba con locura, con una pasión que la consumía desde lo más profundo de su ser. Desde las profundidades ardientes de su más íntimo sentir.
Pero a pesar de todo, él era prohibido para ella. Tal vez era por eso que el fuego que ardía entre sus piernas prometía quemarla deliciosamente, haciendo que su cuerpo se retorciera de placer y de dolor.
Era como si cada beso, cada caricia, cada roce fueran un riesgo que ella estaba dispuesta a correr.
Lo imaginaba diciendole : “No sé con certeza si podrás experimentar la alegría y el éxtasis que nunca antes has sentido. Pero lo que sí sé es que estoy dispuesto a hacer todo lo que esté en mis manos para que así sea. Dejame guíarte hacia un mundo de sensaciones nuevas y excitantes, donde tus sentidos se despiertan ante cada caricia y cada roce. Sentí cómo tu cuerpo arde de pasión ante mis besos y cómo tu piel se eriza ante mis besos. Dejame llevarte al borde del precipicio del placer, y déjame ser el responsable de llevarte al éxtasis más intenso. Porque juntos podemos descubrir un mundo de erotismo y sensualidad que va más allá de lo que jamás hayas imaginado.
Era como si estuviera bailando al borde del abismo, sabiendo que cualquier paso en falso podría hacerla caer en una deliciosa tentación.
Pero a pesar de todo, ella seguía adelante, dejándose llevar por la pasión que la consumía.
Porque él era la droga que ella necesitaba para sentirse viva, la razón por la cual su corazón seguía latiendo con fuerza.
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